“Y como ese entretenimiento de los japoneses que meten en un cacharro de porcelana pedacitos de papel, al parecer, informes, que en cuanto se mojan comienzan a estirarse, a tomar forma, a colorearse y a distinguirse convirtiéndose en flores, en casas, en personajes consistentes y cognoscibles, así ahora todas las flores de nuestro jardín y las del parque del señor Swann y las ninfeas del Vivonne y las buenas gentes del pueblo y sus viviendas chiquitas y la iglesia y el Combray entero y sus alrededores, todo eso, pueblo y jardines, que va tomando forma y consistencia, sale de mi taza de té.” Marcel Proust, En busca del tiempo perdido
En el inicio de “En busca del tiempo pérdido”, Proust desencadena la trama a partir de una magdalena que le recuerda a las que él comía de pequeño.
Erróneamente se valora al gusto como el sentido más evocador, sin embargo la ciencia ha demostrado que nada puede hacer contra un aroma a la hora de rememorar experiencias pasadas y sentimientos asociados. Así que probablemente, el precursor de toda la cadena de recuerdos que esta magdalena le trae a Proust ,sean consecuencia de los sustancias aromáticas que penetran en la nariz cuando masticamos los alimentos.
Este gran poder sugestivo de la memoria que tienen los aromas se debe a que la información es, en un principio, procesada por el sistema límbico y el hipotálamo, estas regiones son responsables de las emociones, sentimientos, instintos e impulsos, además de almacenar los contenidos de la memoria olfativa . Esta parte es la más primitiva del cerebro y con la evolución ha ido disminuyendo de tamaño. En los animales sigue abarcando un espacio importante del cerebro y por ello poseen una mayor memoria olfativa que la nuestra.
¿Y vosotros, tenéis algún aroma que os recuerde experiencias pasadas?
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